miércoles, 23 de noviembre de 2016


Si me voy antes que tú, no llores por mí ausencia, alégrate por todo lo que hemos amado juntos.
No me busques entre los muertos, en donde nunca estuvimos, encuéntrame en todas aquellas cosas que no habrían existido si tú y yo no nos hubiésemos conocidos.
Yo estaré a tu lado, sin duda alguna, en todo lo que hayamos creado juntos: en nuestros hijos, por supuesto, pero también en el sudor compartido, tanto en el trabajo como en el placer, y en las lágrimas que intercambiamos.
Y en todos aquellos que pasaron a nuestro lado y que, irremediablemente recibieron algo de nosotros y llevan incorporado – sin ellos ni nosotros notarlo – algo de ti y algo de mí.
También nuestros fracasos, nuestra indolencia, y nuestros pecados serán testigos permanentes de que estuvimos vivos y no fuimos ángeles sino humanos.
No te ates a los recuerdos ni a los objetos, porque donde quiera que mires que hayamos estado, con quien quiera que hables que nos conociese allá habrá algo mío. Aquello sería distinto, pero indudablemente distinto, si no hubiésemos aceptado vivir juntos nuestro amor durante tantos años, el mundo estará ya siempre salpicado de nosotros.
No llores mi ausencia, porque solo te faltará mi palabra nueva y mi calor de ese momento. Llora si quieres, porque el cuerpo se llena de lágrimas ante todo aquello que es más grande que él, que no es capaz de comprender pero que entiende como algo grandioso, porque cuando la lengua no es capaz de expresar una emoción, ya solo pueden hablar los ojos.
Y vive. Vive creando cada día y, más que antes.
Porque yo no sé cómo, pero estoy seguro de que, desde mi otra presencia yo también estaré creando junto a ti, y será precisamente en ese acto de traer algo que no estaba, donde nos habremos encontrado. Sin entenderlo muy bien, pero así, como los granos de trigo que no entienden que su compañero muerto en el campo ha dado vida a muchos nuevos compañeros.


lunes, 24 de octubre de 2016

Pero estas manos /Cuba 2016


TITULO: Museos rodantes..La historia de los automóviles en Cuba tiene más de 100 años. Se tiene noticias de que fue en 1898 cuando llega el primer auto, un Parisienne francés ruidoso que caminaba usando bencina y alcanzaba la velocidad de 10 Km/h. Tiempo después irrumpe en las calles de La Habana un nuevo vehículo: el Rochet –Scheneider venido desde Lyon. Este poseía 8 caballos de fuerza y alcanzaba la gran velocidad (para su época) de 30 Km/h. Otro auto Parisienne ingresaría al país un poco más tarde, este con la forma de un pequeño camión cerrado, que fue utilizado para la distribución de cigarros. Y así comienzan a llegar diferentes modelos, entre ellos los Ford y los Chevrolet , que sobrevivieron hasta nuestros días. Son joyas a pesar de sus años, orgullo de sus propietarios y admirados por cubanos y extranjeros, quienes se asombran a verlos todavía funcionando. Así le ocurrió al inglés David Coulthard, subcampeón mundial de Fórmula 1 y tres veces tercer lugar. Para su sorpresa vio a estos autos rodar por nuestras calles, algunos en perfecto estado técnico, aún con sus motores originales y luciendo toda la belleza de sus primeros años. Es toda una proeza que debemos agradecer a sus propietarios y mecánicos, quienes logran que circulen estos “museos rodantes”. Los amantes de los autos antiguos y clásicos se agrupan en diferentes clubes. Uno de ellos es A lo Cubano, fundado en el 2003 y que tiene entre sus miembros la suma de 120 Autos. Recientemente celebraron su 13 aniversario en el parqueo del afamado cabaret Tropicana donde fue fundado. Allí realizaron diferentes actividades, entre ellas las más esperadas por todos sus miembros y visitantes: las pruebas de habilidades. Estas consisten en realizar un recorrido por el área del parqueo llevando sobre el capó del vehículo un vaso con agua. De esta manera, deben vencer una distancia de decenas de metros a una velocidad estable, sin que se derrame el líquido. Quien lo logre, es proclamado el ganador de esta prueba. Entre los pilotos se encuentra Sonia Mirabel Gómez, propietaria de un Ford de 1938 y fundadora de este club. Para ella “los fanáticos cubanos del automovilismo significan una gran familia”. Comenta que conducir un auto antiguo es como “un viaje en el tiempo”. “Aquí he encontrado amigos que comparten su amor por los autos clásicos. Es muy fácil encontrar automóviles con 50, 60 y hasta 100 años rodando por nuestras avenidas y calles para el deleite de todos”, concluye. Muchos de estos automóviles han sido utilizados en filmaciones de películas cubanas y extranjeras, entre ellas el reciente y conocido rodaje de Rápido y Furioso 8. Pues ya sabe: Cuba no solo se conoce en el mundo por sus playas y la cordialidad de sus habitantes. Nuestra querida Isla es un país lleno de historia, y una parte de ella rueda por sus calles.